La Institución Educativa Rural Departamental La Esperanza, ubicada entre las montañas cafeteras del municipio de Vergara (Cundinamarca), celebró la entrega de sus nuevas instalaciones y el inicio de una nueva etapa para sus estudiantes.
A dos horas de Bogotá saliendo por la calle 80 y tomando un camino veredal de 15 kilómetros por carretera destapada, se encuentra el colegio que lleva por lema “enseñar desde la pedagogía del amor”. Sus estudiantes, en su mayoría de origen campesino, son hijos e hijas de familias agricultoras cuya economía gira en torno a la producción del café: principal producto de la región.
“La pedagogía del amor es sentir lo que siente el otro, somos el sitio donde les podemos ofrecer un poquito de cariño y lo que tratamos es que ellos se sientan bien en el sitio donde están. Nuestros niños del campo merecen lo mejor, nuestra raíz es ser campesinos y es lo que tratamos de resaltar siempre, y que los niños rurales merecen sitios bonitos y agradables, ¡claro que sí!”. Clara Isabel Chavarro Rectora del colegio La Esperanza.
Por su ubicación geográfica, el colegio La Esperanza representa un punto estratégico para la oferta educativa rural en la región. Situado en la vereda Chonte Grande, limita con los municipios La Vega, Supatá, Nocaima y Vergara, lo que permite atender a estudiantes provenientes de diversas zonas rurales. Actualmente, la institución atiende a 178 estudiantes de preescolar, básica y media.
Durante años, las condiciones climáticas afectaban la jornada académica, cuyas clases eran interrumpidas por las lluvias que se filtraban a través de los techos deteriorados. Hoy, gracias a la inversión del Ministerio de Educación Nacional, y a la gestión del Fondo de Financiamiento de la Infraestructura Educativa (FFIE), se realizó la intervención de las cubiertas y ventanas de los salones de clase que mejoran significativamente el entorno escolar.
Para la construcción de la cubierta se empleó guadua, un material propio de la región que no solo conserva el paisaje y la arquitectura tradicional, sino que también promueve la sostenibilidad y el uso de mano de obra local. Construir en guadua permitió la participación de las comunidades locales, generando empleo y fortaleciendo el vínculo entre la infraestructura y el territorio.
Durante el evento de celebración, se hizo un reconocimiento al equipo social y técnico del FFIE por su compromiso y eficiencia en la ejecución del proyecto, que representa mucho más que una mejora física para la comunidad educativa que lleva más de 40 años educando con amor a la población rural cundinamarqués. Con este hecho, el Gobierno nacional reafirma su compromiso por la educación de calidad con los territorios rurales, apostando por una infraestructura educativa que respeta el entorno, involucra a las comunidades y transforma vidas.










