Levantarse a las 5 de la mañana para ir al colegio es la cotidianidad de un estudiante de quinto de primaria a sus 11 años. En una ciudad capital como Bogotá, el transporte escolar generalmente está a cargo del sector público o privado, cuando en las familias existen las condiciones económicas para costearlo y hacer que cada mañana los niños no falten a clases. Para Laura y Paula, dos hermanas de 11 y 9 años, la cosa no es tan sencilla: vivir lejos del colegio significa un reto que a veces toca afrontar a pie, a lomo de mula o, cuando se puede pagar, en un servicio de moto alquilada que cobra $50.000 por llevarlas y traerlas desde la vereda El Páramo hasta el colegio donde hoy hacen su primaria.
Entre las extensas llanuras de la cordillera oriental, sobre los 400 m.s.n.m. se ubica Cunday, un municipio de vocación ganadera y agrícola, en el que habitan unas 8.000 personas que cultivan frijol, plátano, lulo y café para el sustento de sus familias. Laura y Paula hacen parte de una de las tantas familias campesinas donde en ocasiones el acceso a la educación aún es limitado, la infraestructura es precaria y la demanda educativa es baja.
En el colegio La Victoria, Laura cursa quinto de primaria y su hermana, Paula, tercero; ellas comparten salón y profe: la profe Luisa, quien enseña a ellas y 8 niños más de distintas edades bajo la modalidad multigrado. En los colegios rurales esta metodología es muy común e implica abordar al mismo tiempo todas las áreas del conocimiento en una misma aula y adaptarse a las necesidades de cada niño y niña. Con 19 años de experiencia en la docencia, seis de ellos en este colegio, la profesora Luisa reconoce que su labor no es sencilla y que el reto es aun mayor cuando el lugar no ofrece las condiciones necesarias para enseñar.
Recientemente el colegio La Victoria fue remodelado, su adecuación era una necesidad urgente. En sus 39 años de existencia, la institución no había recibido ninguna intervención locativa. Un año atrás, las condiciones educativas eran tan precarias que fue necesario demoler el edificio y reconstruirlo por completo. Mientras la obra se realizaba, las actividades académicas continuaron en la nueva sede temporal: una estrecha casa alquilada a pocos metros del colegio en construcción cuyo avance estuvo siempre supeditado a las condiciones climáticas.
Lo más difícil para la profe Luisa fue no tener tablero: “uno de los retos más difíciles, imagínese un docente sin tablero, tuve que ingeniármelas”.
Un año después, la profe Luisa, Laura, Paula y 8 estudiantes más recibieron el nuevo colegio: “Este nuevo espacio es muy importante, en estos 19 años que tengo como docente, nunca había tenido la oportunidad de tener un lugar digno, un lugar tan cómodo, que se siente seguro; me siento motivada, inspirada. Esto hace ver como el Gobierno nacional le da el valor real así sea un estudiante, porque vale la pena, no importa si son 1, 2 o 3 estudiantes”.
La profe Luisa y sus 10 estudiantes ya disfrutan de los nuevos espacios, su tablero ya fue instalado y se espera que, con el nuevo y atractivo colegio, la demanda educativa aumente.
La sede La Victoria del colegio San Antonio fue remodelada por el Ministerio de Educación Nacional, a través del el Fondo de Financiamiento de La Infraestructura Educativa (FFIE), para la cual se invirtieron $412 millones que benefician a la niñez de la vereda La Victoria, en Cunday, Tolima.















